¿A qué nos referimos cuando hablamos de espacios “Think Tank”?

En ingles se traduce como tanque de ideas, y son espacios pensados para que los profesionales desarrollen su parte más creativa y puedan impulsar sus propuestas y proyectos.

En un think tank no es de extrañar encontrar a los empleados relajados, incluso descalzos, tratando de dejar la mente en blanco o conversando relajadamente con otros compañeros mientras ponen sus ideas en común para sacar adelante un proyecto. Las tensiones y las presiones se quedan al otro lado de la puerta, dentro sólo cabe la creatividad que fomenta la posterior productividad.

Una vez clara la esencia de este espacio, hay múltiples usos que se le puede dar. Por ejemplo, puede convertirse en una sala de reuniones donde hacer status de equipo, debatir y fortalecer ideas, un lugar donde hablar por teléfono con mayor intimidad, donde meditar y descansar, e incluso un sitio donde evadirse y trabajar un poco más aislado del resto del equipo.
Serán las necesidades de los empleados y exigencias de la empresa la que definan finalmente la funcionalidad del think tank y el mobiliario necesario para ello.

Antes de diseñar este espacio hay que tener en cuenta el número de personas que van a hacer uso del think tank, y si su afluencia va a ser fija o va a ser un espacio de libre acceso. Esto determinará el espacio necesario. En cuanto a su diseño, es importante decidir si se quiere un espacio visible desde el exterior y separado por mamparas transparentes, o un espacio completamente cerrado y aislado. Si se plantea como un lugar donde convocar brainstorming con asiduidad, o una zona donde acudir de forma casual en busca de inspiración. En base a estos criterios será más fácil elegir el mobiliario ya que la ergonomía cambia según la funcionalidad del think tank y esto también condiciona la estética del espacio.

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